TV Omega Logo

Buscar noticias

Busca noticias por título

Bolivia: un presidente débil, un vicepresidente ausente y un expresidente dañino

Bolivia atraviesa días de violencia, incertidumbre y división política, mientras crecen las críticas al liderazgo nacional y a la falta de respuestas.

Bolivia: un presidente débil, un vicepresidente ausente y un expresidente dañino
Opinión
Julio Quiroga

Han pasado casi veinte días de una Bolivia marcada por el conflicto. Diversos sectores sociales mantienen protestas y demandas que, en muchos casos, responden a intereses particulares o sectoriales antes que al bienestar colectivo de todos los bolivianos.

La crisis ya deja víctimas fatales, tanto bolivianos como extranjeros. La intolerancia y la violencia han escalado a niveles preocupantes, llegando incluso a la agresión brutal contra un parlamentario nacional. El país atraviesa momentos de tensión e incertidumbre que reflejan la fragilidad política e institucional que vivimos.

El presidente Rodrigo Paz reaccionó tarde ante esta situación. Su llegada al poder parece ser consecuencia del agotamiento de un ciclo político encabezado durante años por el MAS, un proyecto que dejó profundas heridas en Bolivia. Sin embargo, muchos consideran que su triunfo también estuvo respaldado por sectores vinculados al masismo y por la figura del vicepresidente Edmundo Lara, quien hasta ahora ha mostrado poca capacidad de liderazgo y escasa presencia política.

La percepción ciudadana es que el vicepresidente no aporta soluciones concretas al país. Más allá de sus viajes y apariciones públicas junto a su esposa (también diputada nacional), no existe una agenda clara ni un rol visible en medio de la crisis.

Pero el problema no termina ahí. El expresidente Evo Morales continúa siendo un actor central en la inestabilidad política nacional. Desde el Chapare, donde permanece resguardado mientras enfrenta denuncias judiciales, mantiene un discurso de confrontación y permanente tensión contra el actual gobierno.

Muchos bolivianos sienten que Morales no solo dañó al país durante su gestión presidencial, sino también después, promoviendo divisiones incluso dentro de su propio partido y debilitando al gobierno de Luis Arce. Hoy, nuevamente, aparece como un factor de desestabilización para la administración de Rodrigo Paz.

Como creyente en Dios, en Jesucristo y en la Virgen María, sigo preguntándome qué hicimos los bolivianos para vivir esta realidad en un país tan hermoso, rico en cultura, diversidad y recursos, pero constantemente golpeado por sus propias disputas internas.

Que Dios proteja a Bolivia e ilumine a nuestras autoridades para escuchar las demandas justas del pueblo y actuar con firmeza contra quienes promueven violencia, división y daño al país.

Noticias Relacionadas

Descubre las últimas noticias.